La Ley del Cielo
El hombre del siglo XXI le tiene miedo a la oscuridad, y que en su obsesión por iluminarlo todo ha perdido un gran patrimonio natural y cultural: el cielo estrellado, la Vía Láctea y el paisaje nocturno.
Desde hace varias décadas vemos menos estrellas a simple vista que antes; esto es más evidente en las grandes ciudades, donde el resplandor de las luces ilumina las nubes, los gases contaminantes y hasta el aire, opacando la tenue luz de las estrellas. Las enormes cúpulas de luz que envuelven las ciudades se tocan unas a otras según avanzan en extensión, de forma que resulta cada vez más difícil encontrar un cielo puro, sin rastro de luz artificial que enmascare su belleza.
Para mirar un cielo completamente estrellado se necesitan condiciones muy especiales como una atmósfera sin turbulencia, bajos niveles de humedad, un cielo limpio (sin nubes, ni polvo, ni gases contaminantes), y un cielo nocturno oscuro.
Al paso de los años muchos observatorios han perdido sus cielos oscuros y se han vuelto obsoletos. Así sucedió con el Observatorio Astronómico Nacional (OAN) cuando en 1951 debió ser trasladado de la Villa de Tacubaya a Tonanzintla. La iluminación en la vecina ciudad de Puebla no tardó en contaminar los cielos oscuros del nuevo observatorio, por lo que el OAN se vio en la necesidad de buscar otro sitio para sus telescopios. Esta vez, con la ayuda de estudios satelitales y meteorológicos en todo el territorio nacional, en 1966 se encontró un sitio en la cima de la Sierra de San Pedro Mártir (SPM), a 240 km al sur de la ciudad de Ensenada, que cumple con condiciones excepcionales para la observación.
Junto con Chile, Hawai, y Canarias, San Pedro Mártir es considerado uno de los cuatro sitios privilegiados para observar el cielo que quedan en el mundo. Las cuatro ventanas al universo compiten por albergar los nuevos telescopios de alta tecnología que se pretenden construir en los próximos años. Estos telescopios tendrán un costo muy elevado, por lo que su construcción sólo es posible mediante la colaboración internacional y multi-institucional. Sin embargo, los grandes consorcios buscan garantías de que por lo menos en los siguientes 30 años las condiciones favorables de observación se conservarán y que los cielos oscuros estarán protegidos.
Con el fin de proteger el excepcional cielo oscuro de San Pedro Mártir, el Ayuntamiento del municipio de Ensenada aprobó en 2006 el reglamento para la prevención de la contaminación lumínica, que entre otras cosas, regulará los alumbrados de exteriores, los cuales deberán evitar la emisión de luz hacia el cielo, limitándola a apuntar hacia abajo con cubre luminarias y habrán de utilizar lámparas que produzcan la mínima perturbación de las observaciones astronómicas como las lámparas de sodio. También vigilará que el alumbrado ornamental de edificios públicos, estadios, estacionamientos, monumentos y jardines permanezca apagado después de las doce de la noche y que esté correctamente dirigido hacia abajo. El control lumínico tiene, además, la enorme ventaja de ahorrar energía eléctrica mediante su uso eficiente.
Este reglamento es un gran paso; sin embargo, la reglamentación no sirve de nada si los ciudadanos no toman conciencia del problema y colaboran para evitar que la oscuridad del cielo nocturno se pierda.
¿Qué sería de la vida, el amor y la poesía si dejáramos de ver las estrellas?
La defensa de la noche como entorno natural, como uno de los ciclos fundamentales de la naturaleza y como generadora de conocimiento y cultura es ahora más urgente que nunca.
Contacto: David Hiriart
hiriart@astrosen.unam.mx
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Instituto de Astronomía
UNAM
